¡Esto es así: somos una montaña rusa emocional.

– Amiga: Carla, ¿No tienes término medio con tus emociones cuando ves algo? 🤔

La conversión fue más o menos así:

Estábamos en una librería. Fuimos a la sección de educación y psicología. Mientras miraba libros, verbalizaba o ponía caras de agrado/desagrado.

– Amiga: Mira este es de desarrollo infantil. 😏

– Carla: ¡Qué guay! 😍 ¿A ver? 😬

– Amiga: ¡Mira este es de psicología en la empresa! 😍

– Carla: 🤨 Bah, no. 🤢

– Amiga: ¿Y este de alimentación? 🧐

– Carla: Baaaaah, tampoco. 🥺

– Amiga: Este es de economía de la educación. ¿Tenéis eso en pedagogía? 😳

– Carla: sí, pero Baaaaah tampoco quiero. 🙄

– Amiga: ¿Y trastornos de la conducta? 🤔

– Carla: Sííííí ese me gusta. 😍 😍 😍

Entonces me preguntó:

– Amiga: ¿Por qué pasas de emocionarte un montón a rechazar? ¿No es muy drástico? No sé… ¿Cómo lo tienes que llegar a vivir? 😱

– Carla: ¿Qué te contesto? Ahí hay 3 preguntas. 🤷🏻‍♀️

– Amiga: Todo. 🤣

– Carla: A ver si te puedo describir lo que siento:

Cuando veo un libro de economía o de empresas, aunque esté relacionado con pedagogía o psicología, no me despierta nada. Es un “pues vale”.

Lo puedo encontrar interesante pero es como cuando tienes hambre, ves un plato super rico pero a medida que se te pasa el hambre, ya va apeteciendo menos, lo que no significa que no te guste, sólo que ya no quieres comer más. Digamos que yo me sacio en 1 cucharada y tú en 400.

Cuando leo algo sobre pedagogía y psicología que está relacionado con los niños y adolescentes o sobre el TDAH, autismo, etc., siento que mi cuerpo y mi mente se activan de golpe.

Es como una chispa, como el go/on del interruptor que da luz a la casa y yo soy la bombilla.

Cuando leo o veo que un niño avanza, aprende, etc., me emociono tanto que siento que toda la energía corre por mi cuerpo, se me va a los brazos y a las manos, mi corazón se acelera de la emoción, abro los ojos y me dan ganas de gritar apretando los dientes un: “wwwwwiiiiiiiiiiiiiii, qué chulooooo” mientras zarandeo a la otra persona estando de puntillas cual niño pequeño esperado un regalo de Navidad o dando una maravillosa noticia.

Cuando veo un niño conseguir un objetivo, cuando le veo sonreír después de mucho de no hacerlo, cuando veo que juega con sus amigos de nuevo, me emociono tanto que puedo llegar a llorar de alegría porque veo en su crecimiento tanta belleza como la que ves tú en esa montaña que te gusta tanto ir después de llover.

Cuando leo sobre esto o doy clases o descubro algo nuevo, me embarga una sensación tan positiva que olvido todo lo demás.

– Carla: ¿Te suena algo así?

– Amiga: Sí, me describes lo que sentí el día que me gradué en la universidad.

– Carla: Pues esa sensación tan enérgica, desbordante, es la que siento cada vez que hago algo que me gusta.

– Amiga: ¿Y cuando haces algo que no te gusta?

– Carla: Entonces soy como la bombilla que parpadea cuando enciendes mal el interruptor. Voy a trompicones y las estrategias pedagógicas son lo que mantienen el interruptor en on/go para que no me apague.

– Amiga: ¿Y si te apagas?

– Carla: O abandono lo que hago o me hiperesfuerzo. Pero sí me hiperesfuerzo hay un peligro: las bombillas se funden.

– Amiga: Ahora entiendo mejor por qué el mínimo detalle lo vives como si fuera la noche de regalos Navidad.

– Carla: ¿Sabes el hilito que tienen las bombillas por dentro? ¿El que si está roto ya no enciende?

– Amiga: Sí.

– Carla: Pues digamos que cuando me fundo es como si ese hilo estuviera roto.
La parte buena es que, si me fundo, tengo la suerte de tener amigos/as como tú y compis de trabajo y profesionales que pondrán celo al interruptor para que se aguante en on/go lo suficiente para que pueda reparar ese hilo y encender de nuevo. 😏

– Amiga: ¿Y si algo no te interesa?

– Carla: Entonces tengo dos opciones: o le paso la tarea a una bombilla que le guste el tema o bien uno de los celos del interruptor debe ser una recompensa lo suficientemente fuerte para aguantar el on. Por ejemplo, hago las cuentas de la empresa y luego veo un capítulo de Netflix o leo un capítulo del libro de Barkley.

– Amiga: ¿Y no hay jamás punto medio?

– Carla: 🤔 Seguro que sí, pero no es muy frecuente en mi. O algo me interesa muchísimo o es una mierda. Hablando mal y claro.

– Amiga: Eso tiene que ser frustrante a veces. 😳

– Carla: Por eso mi vida gira entorno a mi centro de interés. Vivo constantemente emocionada. Una muy pequeña parte de mi trabajo me resulta aburrido, como hacer facturas. 😏

– Amiga: ¿Eso es por el TDAH?

– Carla: Sí, aunque supongo que también tendrá que ver otras características de mi persona.

– Amiga: ¡Vaya! ¡Qué interesante!

– Carla: ¡Bienvenida a otro centro de interés!: Las emociones y su regulación. 💡 😊

Para que os hagáis una imagen gráfica de lo que se siente os dejo esta escena de Agnes de la película Mi Villano Favorito. Representa la emoción que siento cuando algo me gusta. 😜

Por cierto, que yo lo viva así no es extrapolable a todas las personas TDAH, aunque sí tenemos en común esa fluctuación emocional.

Todo esto está relacionado con las funciones ejecutivas. Hablaremos de ellas más adelante 😊.

¡Salud, Amor y Pedagogía!

Carla Salinas Martínez

Carla Salinas Martínez

🧡 Pedagoga, 👩🏻‍🏫 Formadora y 🤝🏻Mediadora Familiar.

📚 Especialista en Dificultades y Trastornos del Aprendizaje, TDAH y Mediación.
Creo 🎥 Vídeos ✂️ Material 🧮Recursos🧩Juegos 📚 Libros/Infor.

https://www.instagram.com/carlasalinasmartinez/